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01.07.2014 | El grano de cacao
En la fiesta de San Josemaría
Hace un tiempo me pasaron una película diciendo, ─“a lo mejor le sirve para sus talleres.”
El film se titula “Encontrarás dragones”. El argumento principal cuenta los años del joven sacerdote católico, Josemaría, durante la guerra civil española. La película es entretenida y con trasfondo histórico sustentable.
Lo que más me ha quedado grabado, después de verla, es el gesto del grano de chocolate.
El padre de Josemaría, cuando este era niño, tenía una fábrica de chocolates. El gerente de la fábrica le mostró al niño un grano de cacao diciéndole, “este grano, común y corriente, con paciencia, esmero y amor se le pule y sale lo que tiene dentro, un sabor exquisito, el chocolate. Aunque parece pobre y feo, de él brotan los sabores divinos que esconde en su interior”
La enseñanza del grano de cacao encierra ciertamente muchos matices y una gran sapiencia.
Cualquier trabajo, por muy insignificante que sea, realizado con paciencia, esmero y amor tiene sabor a chocolate, un sabor divino.
A propósito del mundial de fútbol, una persona comentaba: ─”Cuando en este país a un bombero, a un médico o a un policía le den tanta importancia como a un futbolista, nos irá mucho mejor”. Aunque no aduje nada, porque no era el momento ni el lugar oportuno, en mi corazón apareció el grano de cacao y pensé: ─ Cuando en el mundo el bombero, el barrendero, el médico, el policía o el futbolista valoren la grandeza de su trabajo, lo hagan con paciencia, esmero y amor el mundo empieza a cambiar.
El mensaje de Josemaría merece respeto y atención porque va al meollo de lo que es el ser humano. Descubrir a Dios en el trabajo de cada día, en lo más pequeño, en lo que pasa desapercibido al común de los mortales, es el camino de la mística. El ser humano o es místico o se pierde en la maraña de lo mundano, cada vez más complicado y exigente.
─ “Hay algo santo, divino escondido en las situaciones más comunes que toca a cada uno de vosotros descubrir”─solía repetir Josemaría.
Escribo estas letras en el día de la fiesta de san Josemaría al tiempo que recibo la noticia del nacimiento de una nueva vida, Enma. En la vida, en esa pequeña bebé de tres kilos ochocientos gramos, está Dios, en ese pequeño cuerpo, late el espíritu de Dios.
En definitiva, solo hay un camino para llegar a Dios, lo humano. Todo lo humano, también lo más pequeño, como el grano de cacao, tiene sabor a chocolate, esconde sabores divinos.
Gumersindo Meiriño Fernández
 
 
 
 
 
 
 
 
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