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14.07.2014 | Gumersindo Meiriño Fernández
PAUSE for Peace
Siempre nos moverá la esperanza de un mundo nuevo, mejor, más humano, más fraterno…, Las guerras deberían terminar, debería mejorarse la organización de la sociedad, de la economía, de la política…, algo anda mal, cuando tenemos que usar las armas y matarnos, para solucionar nuestros conflictos.
Las sombras de la muerte nos tiñen a todos, vengan de donde vengan, como decía el poeta John Donne: ─ “Ninguna persona es una isla; la muerte de cualquiera me afecta, porque me encuentro unido a toda la humanidad; por eso, nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti”. Cada caído inocente, en esa guerra inútil, de la llamada franja de Gaza o del país de Israel o en las calles de cualquier ciudad del mundo, es una bofetada a la Paz, a la humanidad.
El Papa Francisco viajó a Jerusalén, al lugar donde ahora caen misiles y muertos, buscando el camino de la Paz y la Unidad. Esta partecita de la tierra es quizás el sitio que más deseó estos dos dones, en la que más semillas, que contenían estos anhelados regalos, se esparcieron, en la que más gritos los pidieron…., y, quizás, también es el espacio de más violencia y destrucción de la historia.
Ahora que, supongo, porque no los he visto, los noticieros se llenan de las imágenes de las bombas, de los muertos sin sentido en esa tierra bendita donde vivieron y caminaron grandes profetas de la paz, Cristo, Mahoma, Abraham, me sigue gustando más la imagen de ese hombre de blanco, llamado Francisco caminando hacia el muro de los lamentos, para abrazarse a un imán musulmán y a un rabí judío. Esa foto conmueve el alma de la paz, de la esperanza. A pesar de las sombras, el paso de este hombre de Dios, certifica que la Paz y la Unidad son posibles, más allá de las religiones. ¡Benditos los pies que anuncian la salvación la paz, la Paz…!
No soy iluso. Sé que los hombres de la guerra no paran. Los mueve la codicia, la ambición, la venganza, el rencor…, heridas profundas sumergidas en el alma, muy difíciles de arrancar, y, de las que todos tenemos algo. Las guerras no cesan, no lo han hecho nunca, a lo largo de la historia. Las sombras de la muerte y las crueldades cumplen alguna misión que no acabamos de entender en esta evolución de la sociedad hacia el mundo mejor, hacia “los cielos nuevos y la tierra nueva”.
Pero también sé, soy consciente, de que los hombres de la paz, siguen sembrando las semillas del perdón, del consuelo, de la misericordia… Las bombas hacen más ruido, dejan huellas de muerte, de sangre… Las rosas, los árboles, las montañas, los ríos, la luz del sol…, símbolos de la paz y de la esperanza, por otra parte, siguen firmes, fieles a su misión…; no hacen tanto ruido, son más sutiles, pero también son más pacientes, más estables, sus raíces son mucho más profundas, su olor más suave y dulce…
Si la guerra avanza, nada ni nadie impedirán que sigamos unidos a las personas de buena voluntad, gritando desde el silencio de la oración, desde la salida del sol hasta su ocaso, ¡PAUSE for Peace!, ¡una pausa interminable en favor de la Paz!
Escúchalo en voz del autor haciendo clik aquí →

Gumersindo Meiriño Fernández


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