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28.07.2014 | Gumersindo Meiriño Fernández
Mi hijo-a se independiza (y II)
La semana pasada un amigo nos contaba la historia de una de sus hijas que se independizó a los diecinueve años. Algunos padres preguntan cuál es la edad adecuada para decidir ese momento, el de la independencia de los hijos.
Cuando eres engendrado dependes, durante nueve meses, casi exclusivamente de mamá.
Saliste al mundo asustado, atado, casi al cien por cien, a tus papás. Naces “dependiente”. Nadie sobrevive solo.
En la medida en que la dependencia va en disminución, en esa misma medida aumenta tu autonomía. Aprendes a caminar, primero gateas, luego a hablas, comes por ti mismo, empiezas a comunicarte, incluso con la palabra…. A cierta edad dejas tu hogar y pasas horas en la guardería, en el colegio. Años más tarde aquel bebé totalmente “atado” a su mamá se convierte en adolescente. Empieza el juego del “sí, pero, no”. Soy grande para algunas cosas pero luego en otras tengo tanto miedo que me refugio en mis papás. Por una parte, anhelas ser completamente independiente, pero por otra, en ocasiones, te sientes desamparado y te resguardas bajo la pollera familiar. Es una etapa crucial para entenderte, para conocerte, para descubrir que tienes el mundo por delante pero para ello tienes que crecer, romper otro cordón umbilical, el de los sentimientos, las emociones.
Llegas a la juventud empiezas a organizar tu vida. Eliges unos estudios o un trabajo. Te proyectas a nivel social, en un nuevo roll, dejas atrás lazos fuertes, ataduras. Poco a poco construyes tu vida, te abres a la posibilidad de formar tu propio nido y tener tus hijos. Esto va unido a un crecimiento físico. Poco más de los veinte años a este nivel estás plenamente desarrollado, preparado, al menos físicamente, para la emancipación, ¿lo estarás mentalmente?
Si no logras la independencia a esa edad, si no cortas ciertos lazos con la familia, manteniendo los afectivos, sufres, te acomodas, paralizas tu evolución, te conviertes en un “eterno adolescente”, un tipo de persona bastante común actualmente. Esta situación ocasiona mucho sufrimiento y desequilibrios.
Aunque cada ser humano y su evolución como persona es un misterio, este esquema proviene de la misma naturaleza, a lo mejor te sirve para ver, mirar, observar, analizar y discernir.
Pertenece a la grandeza del ser humano y de su evolución escuchar a los padres decir: “mi hijo-a se independiza”.

Escúchalo en la voz del autor haciendo clik aquí.

Gumersindo Meiriño Fernández

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