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25.04.2015 | V Centenario del nacimiento de San Teresa de Jesús
La conversión interior o iluminación
eguimos hablando de la gran mística de Ávila. Durante veinte años busca y no encuentra la paz del alma. Es una exploración en la que pasó “muchas levantadas y muchas caídas”, comenta ella misma. En ocasiones dice que se arrepiente de “su grandísimo pecado” “de sus muchos pecados” y de “su ruin vida”.
Los estudiosos de la doctora de la iglesia indagaron cuáles serían sus graves pecados hasta que descubrieron a qué se refería Teresa: lo que hoy se llama, el pecado de autosuficiencia.
Según los testigos que la conocieron, Teresa era una mujer agraciada, atractiva, guapa, graciosa, elegante, señorial, capaz de ganarse a cualquiera y además, intelectualmente brillantes y una excelente lectora (cualidad extraordinaria en aquel tiempo en que la mujer estaba en inferioridad de condiciones con respecto al varón). Esto generó en ella una convicción de autosuficiencia. Un pensamiento semejante a este: “a mí nada se me resiste”. Intentaba, como ella misma reconoce, contentar al mundo y a Dios simultáneamente.
Después de veinte años llegó la conversión de Santa Teresa. No se trata en ella de dejar de hacer el mal para hacer el bien. Su cambio, su metanoia es el dejar ese esquema interior, ese comportamiento de autosuficiencia, esa búsqueda de apoyarse en sus propias fuerzas para pasar a un esquema de confianza y abandonado en Dios. Es el mismo cambio o conversión que Pablo de Tarso. Aquel judío, formado en una de las escuelas judías más famosas de entonces, fariseo, cumplidor de la ley, con cartas y credenciales de las autoridades….autosuficiente, se cae del caballo y se da cuenta que el fundamento de su vida pasa a ser la confianza en Dios.
Teresa mira sus veinte años de monja. Analiza y ve, que por esta “ruin vida”, durante ese largo tiempo fue de enfermedad en enfermedad, de amargura en amargura, de tristeza en tristeza, de frustración en frustración … Al fin entendió que todo eso es poco “si pongo la confianza en mí misma en lugar de poner la confianza en Dios”.
Mirando la imagen destrozada y llena de llagas “(Cristo) me hizo entender todo lo que hizo por mí”. Ella que se creía que era capaz de contentar a todo el mundo, no había sido capaz de dar contento a Aquel que había hecho tanto con él.
Este es la iluminación de Teresa. Desde ahora su vida estará totalmente centrada “en darle contento a aquél que ha hecho tanto por mí”.
La gran Teresa con su vida, su testimonio enseña algo tan esencial que los seres humanos nos olvidamos con frecuencia: Dios está deseando llenar nuestras vidas de paz, de alegría, está a la puerta de nuestro corazón esperando que le abramos.
No dejar abierta la puerta del alma a Dios es el gran pecado del ser humano, ese que la misma Teresa sintió en su carne de forma especial y la hizo descubrir grandes fuentes de sabiduría espiritual. Es la suya, una conversión interior o iluminación muy profunda que transforma su existencia.

Gumersindo Meiriño Fernández

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