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19.10.2012 | CARTA DE LECTORES
SEÑORES LOCUTORES DE FM 2 DE ABRIL ESCRIBO ESTO SABIENDO QUE USTEDES LO VAN A LEER YA QUE LOS ESCUCHO TODOS LOS DIAS.
Lejos de lo que significa para los correntinos el Santuario de Itatí, un lugar de fe y peregrinación, donde la virgen quiso estar para que el amor reine en estas comarcas, como católica me siento muy indignada porque esta vez la casa de la virgen María de Itatí, fue usado sin dudas para un mitin político y para llenar una vez más el ego cada vez más grande de nuestra Presidencia. Ninguno me puede decir que no fue para el lanzamiento en el imaginario popular de los candidatos que el Frente para la Victoria impulsará en Corrientes, y porqué no, para la propia estrategia reeleccionista de esta mujer.
El engaño, infantil e hipócrita que insulta a la fe católica es colocar la bandera de Malvinas dentro de un cofre en el Camarín de la Virgen, una bandera que todos sabemos flameó en Malvinas pero a costa de que obliguen a 35 pasajeros a punta de pistola a desviarse del rumbo y alterar su vida en grado suma y para lo único que sirvió es para que los ingleses redoblaran su vigilancia como seguro lo harán ahora ante este acto de provocación, con la bajeza de utilizar a nuestra sagrada fe, ante arzobispos y gobernadores que miran para otro lado.
Acaso hace quince días nuestro gobernador no blasfemaba contra quienes no les daban el quince por ciento de coparticipación y no escatimaba críticas ante quienes se arrodilló ayer y fue servilmente a encontrarles al aeropuerto, mientras mas de 200 colectivos llevaban a jóvenes no marianos sino pagos para cantar cánticos, no marianos, sino para endulzar el oído de una mujer cuya figura que destila odio y rencor, contrasta enormemente con la devoción Mariana, que solamente habla de amor, y a esto me quiero referir si me lo permite:

Entre los muchos títulos con los que nos referimos a María, sea bajo la advocación que sea, María de Lujan, María de Itatí, . está el de Madre del Amor hermoso. Es la Madre de Cristo, la Madre de Dios. Y Dios es amor. Dios quiso, sin duda, escogerse una Madre adornada especialmente de la cualidad o virtud que a Él lo define. Por eso María debió vivir la virtud del amor, de la caridad en grado elevadísimo. Fue, ciertamente, uno de sus principales distintivos. Es más, Ella ha sido la única creatura capaz de un amor perfecto y puro, sin sombra de egoísmo o desorden.
María irradiaba amor por los cuatro costados y a varios kilómetros a la redonda. La casa de la sagrada familia debía estar impregnada de caridad. Como también su barrio, el pueblo entero e incluso gran parte de la comarca... Las hondas expansivas del amor, cuando es real, se difunden prodigiosamente con longitudes insospechadas.
Era el amor lo que transformaba en sublimes cada uno de esos actos aparentemente normales y banales. Donde hay amor lo más normal se hace extraordinario y no existe lo banal. En María ninguna caricia era superficial o mecánica, ningún abrazo cansado o distraído, ningún beso de repertorio, ninguna sonrisa postiza.
Su exquisita sensibilidad estaba al servicio del amor. Da la impresión de que llegaba a sentir como en carne propia los aprietos y apuros de todos aquellos que convivían junto Ella. Por eso no es de extrañar que en la boda aquella de Caná, mientras colaboraba con el servicio, percibiera enseguida la angustia de los anfitriones porque se había terminado el vino. De inmediato puso su amor en acto para remediar la bochornosa situación. Ella sabía quién asistía también al banquete. Tenía muy claro quién podía poner solución al asunto. Ni corta ni perezosa, pidió a Jesús, su Hijo, que hiciera un milagro. Y, aunque Él pareció resistirse al inicio, no pudo ante aquella mirada de ternura y cariño de su Madre. El amor de María precipitó la hora de Cristo.


El amor de María no conoció límites y traspasó las fronteras de lo comprensible. Ella perdonó y olvidó las ofensas recibidas, aun teniendo (humanamente hablando) motivos más que suficientes para odiar y guardar rencor. Perdonó y olvidó la maldad y crueldad de Herodes que quiso dar muerte a su pequeñín. Perdonó y olvidó las malas lenguas que la maldecían y calumniaban a causa de su Hijo. Perdonó y olvidó a los íntimos del Maestro tras el abandono traidor la noche del prendimiento. Perdonó y olvidó, en sintonía con el corazón de Jesús, a los que el viernes Santo crucificaron al que era el fruto de sus entrañas. Y también hoy sigue perdonando y olvidando a todos los que pecando continuamos ultrajando a su divino Jesús.

¡Cuánto tenemos nosotros que imitar a nuestra Madre! Porque pensamos mucho más en nosotros mismos que en el vecino. A nosotros nos cuesta mucho estar atentos a las necesidades de los demás y echarles una mano para remediarlas. Nosotros no estamos siempre dispuestos a escuchar con paciencia a todo el que quiere decirnos algo. Nosotros distinguimos muy bien lo que “en justicia” nos toca hacer y lo que le toca al prójimo, y rara vez arrimamos el hombro para hacer más llevadera la carga de los que caminan a nuestro lado. Nosotros en vez de amor, muchas veces irradiamos egoísmo. En vez de afecto y ternura traspiramos indiferencia y frialdad. En vez de comprensión y perdón, nuestros ojos y corazón despiden rencor y deseo de venganza. ¡Qué diferentes a veces de nuestra Madre del cielo!


María, la Virgen del amor, puede llenar de ese amor verdadero nuestro corazón para que sea más semejante al suyo y al de su Hijo Jesucristo.

Amigos de la radio, la visita presidencial a Itatí, la casa de nuestra patrona dejó el triste aroma del mitín político y sus choripanes. como cuando los aromas a pollo asado dejan en el aire en cada manifestación religiosa, con la diferencia de que las marchas de la fe de la religiosidad de la región quedan en el sentimiento de millones de peregrinos, mientras que en esta convocatoria política todo quedará como un acto político más, y la feligresía verá como una vez más quienes dicen representarla se alejan de los verdaderos problemas que tiene la gente.


MARIA ISABEL FERNANDEZ
 
 
 
 
 
 
 
 
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