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25.08.2015 | Psicología
¿Conquistar el corazón de la mujer es más fácil a través del estómago como parece ocurrir con el hombre?
Se asume comúnmente que las habilidades culinarias de la mujer, y los detalles románticos de una cena íntima preparada por ella ejercen un poderoso efecto seductor sobre el hombre. Los refranes sobre el importante papel de la comida en un romance dicen cosas como que el idilio comienza en la cocina y no en el dormitorio. Pero ¿y la mujer? ¿Cómo afecta la comida a su grado de sensibilidad ante señales amorosas?
Un estudio al respecto ha sido realizado por el equipo de Alice Ely, investigadora de la Universidad Drexel en Filadelfia, Pensilvania, y que ahora trabaja en el Centro de Tratamiento e Investigación de Trastornos Alimentarios, dependiente de la Universidad de California en San Diego, todas estas instituciones en Estados Unidos.

En el estudio se exploró la circuitería cerebral durante estados de hambre y también durante estados de saciedad, en mujeres jóvenes que habían estado a dieta para perder kilos, así como en otras que nunca lo habían hecho.

Ely y sus colegas encontraron que los cerebros de las mujeres responden más a señales amorosas con el estómago lleno que con este vacío. Después de haber comido, tanto las participantes en el estudio que en el pasado habían estado a dieta para bajar peso como las que nunca lo habían hecho, mostraban una mayor activación cerebral en respuesta a imágenes románticas en regiones neurales relacionadas con la recompensa, en comparación con la misma situación pero teniendo hambre.

Estos resultados parecen no encajar mucho con los de varios estudios previos en los cuales se llegó a la conclusión de que las personas tendemos a ser más sensibles a los estímulos gratificantes cuando tenemos hambre. Tales estímulos pueden incluir cosas como la comida, el dinero y las drogas.

En los experimentos de la nueva investigación, las participantes eran más receptivas cuando se habían alimentado. Estos datos sugieren que comer podría sensibilizar a las mujeres jóvenes ante cosas gratas más allá de la comida. También respalda la idea de que existe un neurocircuito compartido para la comida y el sexo.
 
 
 
 
 
 
 
 
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