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30.06.2010 | MEDIOS Y COMUNICACION
Del más allá al más acá
¿Qué son las redes ubicomp o de computación ubicua? ¿Qué alternativas plantean? ¿Cuál es la posibilidad de usarlas en la vida cotidiana, en la ciencia y en las organizaciones sociales? Mela Bosch aporta información y abre la puerta al mundo de estas redes de computación ubicua, pero también advierte sobre los obstáculos que plantean a su desarrollo los grupos económicos interesados en profundizar el negocio de la telefonía y la Internet comercial.
Invito a los pacientes lectores a observar unos escenarios: el primero, en medio de la crisis europea el tema candente que se discute en el Parlamento italiano no son la desocupación, el endeudamiento de las familias, la recesión; el tema es... las interceptaciones telefónicas por parte de los jueces y la facultad de los periodistas de difundirlas. La ley babaglio (mordaza) quitará a los jueces un instrumento para luchar contra la criminalidad organizada y la especulación, y a los periodistas el poder de utilizar información obtenida con medios oficiales para visibilizar la compleja trama de política, mafia y negocios con dinero público instalada en más de diez años de política berlusconiana.

Otro escenario: en una ciudad noruega, un chico que va a la escuela sube al colectivo y, con su teléfono, sin llamar a través de proveedor de telefonía móvil, capta una red ubicua gratuita y con ella se comunica con su mamá que también está viajando para ir al trabajo, con los compañeros para intercambiar la tarea del día y con su abuelo, al que saluda todos los días enviándole el pronóstico del tiempo.

El tercero, un periódico y una revista franceses, el diario Libération y la revista Le Nouvel Observateur, crean una plataforma web jeparticipe.org. Consideran que ante la crisis el problema no es la falta de medios masivos para difundir las medidas para combatirla, sino la ausencia de ideas para enfrentarla más allá de las recetas liberales y proponen encuentros físicos y virtuales. Los participantes son instituciones y colectivos sociales, tratan las alternativas a las “economías casino”, las etiquetas de rastreabilidad social productos y servicios, la teleubicación universal del trabajo y la comunicación, entre otros temas innovadores.

Un último escenario, más cercano, en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la Universidad de La Plata se prepara un seminario sobre Periodismo Digital de la Cátedra de Tecnologías. Somos personas en diferentes partes del mundo, con formación interdisciplinaria y analizamos los problemas y desafíos para el periodista en el contexto de la movilidad de las personas, la innovación, las redes de las corporaciones, la fiabilidad de las fuentes de información.


Lo común y lo diferente

¿Qué tienen en común estos escenarios? La comunicación obviamente. El político mafioso que se comunica con sus cómplices impunemente, el chico que habla con sus allegados, los activistas sociales que innovan, los universitarios que realizamos una experiencia colaborativa; en cada caso hay una red de comunicaciones, una utilización de recursos públicos y privados.

Pero lo más importante de estos cuatro escenarios no es lo que tienen en común, sino lo que los diferencia. Cuando se habla de comunicación surgen frases hechas: “¡Qué maravilla Internet y los celulares para comunicarse con todo el mundo en cualquier momento!” Clichés que banalizan e impiden discriminar que no todas las redes son iguales y no sólo por sus objetivos: delictivos, familiares, sociales, académicos, sino por su cobertura, presencia y extensión.

Hay uno solo de los cuatro escenarios donde hay una red diferente, es la del chico que va a la escuela, por ahora en Noruega, pero que podría ser en el Chaco, esperemos. En esa simple situación tenemos una nota nueva que ojalá sea el futuro: se trata de las redes ubicuas de comunicación y computación.

Pagamos un servicio de telefonía móvil, un servicio de Internet, un servicio de teléfono fijo, otro de cable, estamos en Facebook, twiteamos, etc., y, según dice el cliché, estamos en contacto con todo el mundo, pero en realidad las personas de nuestro entorno cercano no son más de cincuenta, cien, mil, si somos muy sociables. Y están en un radio geográfico limitado. Sin embargo, utilizamos un servicio global que no necesitamos, salvo en casos específicos. Es como si andásemos todo el año, todo el tiempo, con paraguas, impermeable, bufanda, ropa de playa, etc. En nuestra vestimenta evaluamos qué ropa necesitamos y nos ponemos la que nos sirve. Pero no es así con la comunicación. Los proveedores de servicios nos hacen llevar todo el ropero para salir.


Un paradigma diferente

La llamada ubicomp (computación ubicua) es un paradigma diferente en el uso de servicios y recursos. Es lo opuesto a la realidad virtual. En ella la persona entra en el mundo de las computadoras. En la concepción ubicomp las comunicaciones y la computación entran en la vida cotidiana a un nivel no solamente global, sino estableciendo redes pequeñas, dimensionadas según fines específicos y breves. Pueden tener usos tan variados como seguimiento y cuidado médico o soporte para la vida independiente de menores, ancianos o discapacitados, docencia on line, discusiones en grupos pequeños en movimiento haciendo experiencias de campo, militancia o revisiones y controles, etc. Además a la vez se puede enlazar con señales digitales terrestres para construir pequeñas redes emisoras de televisión. No se trata de una forma excluyente sino complementaria de la comunicación que usamos habitualmente, sólo que pasaremos a la global cuando sea necesario y automáticamente, nuestros receptores, teléfonos, computadoras, IPad, incluso, pueden decidir por sí mismos si usar una red ubicomp o una global, proponernos opciones y ahorrarnos esfuerzo y dinero.

Pero claro, tiene sus problemas. El primero es económico: es barato, los protocolos son de código abierto y no es necesario pagar servicios de telefonía de las corporaciones globales, en lugar de grandes servers se pueden usar muchas computadoras y antenas caseras. El protocolo de enlace, SLP (Service Location Protocol) que permite cambiar de una red global a una ubicua es gratis y está siendo aplicado e impulsado en Europa y Canadá para personas con discapacidad o para información turística o a nivel de comunidades locales, como en el caso de Trondheim, el pueblo noruego del niño del autobús que tiene estas redes que se llaman redes sociales instantáneas (porque la red existe sólo el tiempo que la usamos), en el transporte y edificios públicos y hasta barrios enteros.

La difusión está obtaculizada no por los problemas técnicos, sino por estos factores económicos que se entrelazan en forma real o manipulada con cuestiones de tipo social.

Cuando con mi teléfono capto una red ubicomp y charlo con alguien es como si estuviera en un bar; mis mensajes no pasan por un server o un célula telefónica; mi privacidad es la misma que en una conversación privada y, si alguien me escucha en un bar, es lo mismo que si me escuchara en mi comunicación ubicua. Esto tiene consecuencias sociales y jurídicas muy vastas.


Razones para poner obstáculos

Así, de continuar difundiéndose este protocolo, la “ley mordaza” que tratan de imponer en el Congreso italiano nacerá muerta, para bien o para mal. Por un lado, los corruptos tendrán que cuidarse mucho para no ser desenmascarados por una comunidad que cada vez rechaza con más fuerza la unión de mafia y política y no puede expresarse en los medios de comunicación dominados por la empresa de Berlusconi y, por otro, habrá un nuevo vasto espacio de secreto para la delincuencia.

Los activistas sociales a la vez que se valen de una plataforma lanzada por medios progresistas en Francia, ya están complementándose con este tipo de redes e informan si lo desean a los medios masivos. Si no trabajan igual, ya que con las redes ubicuas se pasa de la participación al protagonismo.

Quienes analizamos en la Facultad de Periodismo de La Plata cuál será el futuro del periodismo digital observamos que en el mundo de los negocios informáticos todos los esfuerzos se están centrando en los IPad o tablet para que se pague por servicios de Internet y se desmerezca el valor de los medios alternativos. Jobs parece haber perdido la sabiduría que lo caracterizó y coincide con el magnate Rupert Murdoch en que es necesario cobrar los contenidos a menos que dejemos que los medios de comunicación queden en manos de “blogueros”... o sus equivalentes que pueden ser miles de emisoras, ahora ya no “piratas”, sino de redes ubicuas, con capacidad de dar transparencia a lo que sucede a nivel local, más allá, o mejor dicho más acá, de los multimedios.

Los sistemas de ubicomp se basan en que hay muchas computadoras que emiten y reciben, no sólo proveedores y usuarios, se multiplican los canales para controlar o ser controlados. Es cierto que se agitarán fantasmas de terrorismo e inseguridad, pero también hay algo nuevo que está soplando en el viento: protagonismo y colaboración.
 
 
 
 
 
 
 
 
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