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01.09.2010 | MEDIOS Y COMUNICACION
Ni buenos ni malos: distintos
Comunicación y educación se cruzan de manera inevitable en la cotidianidad de las personas, en particular de los niños y jóvenes. Horacio Ghilini aporta sus reflexiones desde el lugar de los educadores y los desafíos que la digitalización plantea. Rocío Ballón sale al paso de los recientes conflictos estudiantiles en Buenos Aires y su repercusión mediática para pedir respeto por los derechos de los jóvenes.
En estos tiempos no podemos seguir pensando que la educación formal y los medios de comunicación van por carriles separados, o que ocasionalmente se unen para abordar temas coyunturales como simples facilitadores o disparadores hacia algún contenido curricular. En este sentido, la política educativa del país y las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) nos están poniendo ante un desafío profundo: pensar en cómo se involucra el advenimiento inminente de la televisión digital con el tratamiento de la reforma de la escuela secundaria. No se puede negar que ambas cuestiones tienen una estrecha relación.

La digitalización televisiva viene a completar un proceso que debemos comprender, porque al “incorporarlas”, es decir, al hacerlas parte de nuestro cuerpo, nos modifica.

Es evidente que los sujetos de aprendizaje, especialmente en los ambientes urbanos, han mutado en su subjetividad: son formados (¿formateados?) en hábitos de consumo y del espectáculo, lo que nos obliga a plantearnos si verdaderamente tenemos alumnos, es decir, personas que “desean alimentarse para crecer”. ¿No será que en el aula nos encontramos con “consumidores-espectadores” que esperan que la clase se convierta en un shopping o en una pantalla de TV?

¿Qué sentido tiene para ellos que un maestro se convierta en “un libro abierto” si no esperan encontrar el saber en los libros? Si más bien esperan encontrarlo “googleando” por Internet...

El niño-adolescente consumidor-espectador de hoy no es en principio un alumno y, tal vez, nuestra primera tarea sea brindarle esa posibilidad: convertirlo en alumno.

Esto significaría preguntarnos si no estamos asistiendo a una ruptura de la relación docente-alumno. Nuestros niños y jóvenes hablan y leen el lenguaje de asociación de imágenes, iconográfico-afectivo, mientras que son analfabetos en el abstracto-racional, el que nosotros dominamos para estructurar el saber. Si nosotros somos analfabetos de su lenguaje y ellos del nuestro, es porque nos hemos distanciado.

Esto significa que debemos desechar una actitud de culpabilidades: no se trata de que el docente esté desactualizado ni de que el alumno sea incorregible. Ambos somos víctimas de una transformación que nos excede.

Comprender los cambios subjetivos y comunicacionales de la era digital, especialmente los del lenguaje visual, debe ser nuestra tarea.

En este marco, poner en discusión la escuela secundaria es una buena oportunidad para replanearnos la formación docente y la currícula escolar.

Nosotros estamos convencidos de que, hasta ahora, esta modernidad esclaviza desde la estandarización consumista y la pasividad virtual. Pero podemos oponernos: a la estandarización, mediante la diversidad; al consumismo, con una actitud crítica; y a la mirada pasiva de la realidad, a través de la recuperación del protagonismo.

Mientras se discuten los cambios necesarios, a veces urgentes, en la enseñanza media, los nuevos medios de comunicación siguen avanzando, marcando el ritmo de la época y formando (¿formateando?) a nuestros educandos. El Seminario Internacional “La Mirada Crítica. La TV Digital, contenidos y públicos” que tendrá lugar en el Auditorio de Sadop (Tte. Gral. Perón 2625) los días 3 y 4 de septiembre será escenario para estas discusiones profundas.
 
 
 
 
 
 
 
 
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