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27.09.2011 | Por Rolando Hanglin
El señor González va al médico.
Se abre la puerta del consultorio.

El médico clínico saluda afectuosamente a su viejo amigo. Es González.
-¡Por fin sé lo que tengo, doctor Glenny! Hace años que vengo sufriendo esta enfermedad horrorosa. Ya se lo dije, doctor, me siento muy mal. Y usted, dale y dale, que no tengo nada, que son ideas mías, que son los nervios. ¡Acá está mi enfermedad! Salió en el diario, doctor Glenny.

-Vamos a ver, no nos apuremos -responde con dulzura el buen doctor - ¿Qué es lo que salió en el diario?

-La descripción completa de mis síntomas -responde González - ... ¡Aquí está todo! Yo padezco Fibromialgia, nada menos. Y me parece que el mío es un caso muy fuerte. El 80 por ciento de los enfermos son mujeres, pero en este caso me contagié yo. ¿Qué le parece?


¡Acá está mi enfermedad! Salió en el diario, doctor Glenny

-¿Usted dice que se contagió?

-Bueno, no sé. Tal vez no sea contagioso, no se conoce la causa de este terrible mal. Pero tengo todos los síntomas. Primero y principal: trastornos digestivos, en especial el síndrome del intestino irritable. Yo lo tengo. Segundo: túnel carpiano. ¿Lo tengo o no lo tengo?

-Usted tiene dolores en los pies, las manos y los codos, nada grave, es la artrosis propia de su edad, pero siga, siga.

-Tengo cefaleas. Siento que se me parte la cabeza. Calambres en los miembros inferiores. O sea, los pies y las pantorrillas. Es cierto, a veces me tengo que sentar en la cama porque, acostado, se me acalambran los dedos del pie.

-Ya le dije que eso es sólo estrés. Le falta un poquito de magnesio, se arregla fácil.

-¡Pero acá dice que se sufren también trastornos del sueño! Y yo los estoy padeciendo desde hace años. Me despierto en medio de la noche. Voy a hacer pis. Vuelvo. Me asalta esa pesadilla de la orgía con enanos. Me despierto. Me agarran palpitaciones. Me duermo. Me vuelvo a despertar. Oigo ruidos en la cocina. Veo sombras en el patio. Me duermo de nuevo. Pero me despierto a las cinco de la mañana y ya no puedo pegar un ojo. ¿Le parece poco trastorno del sueño, doctor Glenny?


¡Tengo todo el cuadro completo! ¡Acá están todos los síntomas, científicamente establecidos!
-Bueno, sí, es molesto, pero son problemas de la edad... Tal vez una pastillita para inducir el sueño, sin abusar, y con eso va a andar bien...

-¡No, doctor! ¡Acá está el último síntoma, y este también lo tengo! Sufro de bruxismo, es decir, el rechinar de dientes mientras duermo. Mi mujer me lo contó. Ya ocurría cuando estábamos juntos ¡Tengo todo el cuadro completo! ¡Acá están todos los síntomas, científicamente establecidos! Lo dijo un médico del Hospital Argerich, nada menos...

-No será para tanto, mi amigo. Yo lo conozco desde hace años. Usted está un poco cansado, un poco exigido por sus tres empleos, su exmujer y sus cinco hijos, que no terminan de casarse. Además, ya cumplió 65 años, González. ¿Qué pretende, estar como un pibe de esos que están con la gorrita bailando hip-hop?

-No se burle de mi problema, doctor. Estoy enfermo de Fibromialgia. Por favor, recomiéndeme una medicación adecuada.

-A ver, en esa revista que usted trae... ¿Qué dice sobre tratamientos?

-Déjeme mirar. Tratamientos, tratamientos... ¡Acá está! Ante todo, ejercicios aeróbicos.

-Perfecto: trate de caminar diez o veinte cuadras por la plaza, tempranito, por la mañana.

-Acá dice: medicamentos antidepresivos y anticonvulsivantes.

-Usted ya está tomando algo de eso, González. Con mucha prudencia. ¿Para qué va a vivir empastillado? Todo lo que uno traga por la boca, va a parar al hígado.

-Y finalmente, lo fundamental: psicoterapia. Además, reeducación del paciente y toda su familia.

-¿Toda su familia? Eso ya le va a salir caro y medio difícil de organizar, González. ¿Sus hijos no viven en Europa?

-Sí, los cuatro, salvo la menor. Y mi mujer, bueno. estamos separados, así que no va a querer venir, porque está saliendo con un señor. Excelente persona, este muchacho.

-Entonces, González, si le parece que se va a sentir mejor, saque turno con una psicóloga. ¿Qué más le puedo decir? Quédese tranquilo.

-¿Me puede recomendar una terapeuta de primer nivel, doctor Glenny?

-Sí, yo le voy a buscar una. Después le mando la hora de la entrevista por mensaje de texto. En realidad, la psicóloga que yo tengo es un hombre. Psicólogo. El doctor Laszlo Orban, nacido en Budapest. ¿Le parece bien?

-¡Sí, doctor! Por supuesto. Bueno, lo dejo, voy a comprarme un buzo de algodón grueso y zapatillas para salir a caminar todas las mañanas. Tal vez así pueda curarme la Fibromialgia.

-Vaya, González, vaya.

El señor González salió corriendo, porque se le hacía tarde. El doctor Glenny, solo en su consultorio, se sentó y comenzó a hojear distraídamente la revista que le había dejado su paciente. Se demoró en la página de los desfiles de modas. Había unas chicas monísimas.
 
 
 
 
 
 
 
 
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